Hay una imagen que llevamos con nosotros desde hace más de diez años. Una empresa navarra haciendo cosas maravillosas; Comprometida de verdad. Con acciones reales que impactaban en su gente, en su entorno, en el territorio. Y completamente sola.
No tenía con quién aprender, con quién compararse, con quién celebrar los avances ni con quién compartir los tropiezos y logros. Estaba haciendo las “cosas” bien, pero en un silencio que nos parecía un desperdicio enorme.
Nuestras inquietudes de dejar huella, y esa imagen originó la semilla. Y de ella brotó una convicción que no nos ha abandonado desde entonces: el impacto real no se construye nunca en solitario.
El límite de hacer las cosas solos.
Vivimos en una época en la que los retos que tienen las empresas delante —el cambio climático, la desigualdad, la escasez de talento, la pérdida de confianza social— no son problemas que ninguna organización pueda resolver por sí sola. Por mucho compromiso que tenga. Y por mucho que invierta.
Y sin embargo, el “modelo dominante” sigue siendo el individualismo. Cada empresa con su plan, con su memoria, con su estrategia. Comparándose en silencio. Repitiendo errores que otra ya cometió hace dos años y que podría haberle contado en veinte minutos.
Este modelo tiene un techo. Y muchas organizaciones ya lo están tocando!
Networking y comunidad de impacto: no es lo mismo.
Hay una diferencia enorme —y creemos que fundamental— entre el networking y lo que llamamos una “comunidad de impacto”. El networking conecta personas. Las comunidades de impacto construyen algo juntas.
En un evento de networking intercambias tarjetas, escuchas un par de ponencias y vuelves a tu empresa igual que saliste, solo que con más contactos en LinkedIn. En una comunidad de impacto, te sientas con alguien del sector agroalimentario, con alguien de la industria y con alguien del tercer sector, y los tres encontráis un problema en común que ninguno había nombrado solo. Y de esa conversación honesta y sin corbatas sale algo que no existía antes.
Las comunidades son, en esencia, ecosistemas de confianza. Espacios donde las organizaciones se permiten mostrar sus vulnerabilidades, compartir sus aprendizajes reales —no los del PowerPoint— y construir algo colectivamente que no estaba al alcance de ninguna por separado.
Una semilla, diez años y muchas organizaciones.
En 2015 pusimos en marcha desde COVAL la Comunidad CRS —CovalReSponsables—. Un espacio sin formalismos ni postureo, pensado para que empresas con valores pudieran encontrarse, intercambiar experiencias prácticas y, sobre todo, sentirse acompañadas en un camino que entonces todavía era solitario y a menudo incomprendido.La necesidad de conexión era tan grande que la comunidad creció hasta desbordar sus propios límites.
En 2022, junto a Grupo Enhol y Matukio, aquella semilla se transformó en algo más: la Asociación enREDaRSE. Un ecosistema independiente, con entidad y gobernanza propias, que hoy aglutina a más de cien organizaciones navarras muy diferentes entre sí —industriales, agroalimentarias, servicios, entidades sin ánimo de lucro, administración— unidas por una meta común: demostrar que el crecimiento económico y el impacto positivo no compiten, sino que se impulsan mutuamente.
Diez años después de aquella imagen de la empresa sola y comprometida que no tenía con quién compartirlo, el paisaje ha cambiado de forma notable en Navarra. ¡Y eso, siendo honestos, es de lo que más orgullosos nos sentimos en nuestra trayectoria profesional!
Lo que hemos aprendido sobre el poder de las redes con propósito.
Hemos aprendido que esto no va de medallas ni de individualismos. Va de poner el reto en el centro y sumar esfuerzos por metas compartidas. Que las alianzas más potentes son las que nadie esperaba: una gran industrial con una pequeña asociación de barrio. Una empresa familiar centenaria con una startup de impacto. Una entidad financiera con una red de emprendimiento social.
Hemos aprendido que las redes, para que de verdad funcionen, necesitan ser ecosistemas vivos. No bases de datos. No listas de contactos. Necesitan ser nutridas, agitadas, lideradas. Necesitan encuentros memorables que conecten de verdad, no reuniones que podrían haber sido un correo. Necesitan una arquitectura operativa seria detrás, aunque no se vea desde fuera.
Y hemos aprendido que el mayor éxito de una comunidad no es su tamaño. Es cuando sus miembros hacen cosas juntos que no habrían hecho solos. Cuando dos empresas que se conocieron en un encuentro de la red lanzan un proyecto colaborativo que beneficia a su territorio. Cuando alguien comparte en un grupo un error costoso y alguien del otro extremo de la sala dice: «gracias, porque nosotros íbamos a cometer exactamente el mismo».
El reto pendiente: de nicho a movimiento de masas.
La sostenibilidad, el impacto positivo, la empresa con propósito real… todo esto tiene un reto enorme por delante: dejar de ser territorio de pioneros convencidos y convertirse en algo de masas. En cultura empresarial generalizada. Y ese salto —del 15% al 80% del tejido empresarial— no lo va a dar ninguna empresa sola ni ninguna consultora sola.
Lo va a dar la acumulación de comunidades. La proliferación de ecosistemas donde las organizaciones —sea cual sea su tamaño, su sector o su punto de partida— puedan encontrar un espacio de aprendizaje compartido, de apoyo mutuo y de co-construcción del cambio.
Desde COVAL llevamos más de una década construyendo ese tipo de espacios: Diseñando, dinamizando encuentros, tejiendo alianzas entre organizaciones que solas no se habrían encontrado nunca, y acompañando la gobernanza de redes con propósito. No porque sea «nuestro servicio». Porque es nuestra convicción más profunda | enREDando – Coval Consultores
«Las empresas más fuertes no son las que compiten solas, sino las que saben enREDarse para construir un legado» | Javier Aguirre — Socio fundador de COVAL Consultores y miembro de la Junta de la Asociación enREDaRSE







