Nos encontramos con ello frecuentemente. Una empresa que lleva meses, a veces años, trabajando su plan de sostenibilidad. Han hecho el diagnóstico, han identificado sus impactos, han definido compromisos con las personas y con el entorno. Tienen el documento y tiene buena pinta.
Y sin embargo, cuando preguntas qué ha cambiado en la organización desde que ese plan existe, la respuesta suele ser incómoda. –Poco. O casi nada–
No es falta de voluntad. No es falta de intención. Es la brecha. Esa distancia casi invisible —y sin embargo enorme— entre el plan y la acción real.
El problema no es el plan. Es lo que viene después.
Prácticamente la mitad de las empresas está llevando a cabo algún tipo de innovación con enfoque en sostenibilidad. Pero solo el 16% afirma que todas sus innovaciones están orientadas en este sentido. El resto tiene buenas intenciones dispersas, acciones aisladas y documentos que envejecen en el cajón.
¿Por qué ocurre esto? Porque el plan, por sí solo, no activa a nadie. Los documentos estratégicos no generan proyectos. No movilizan equipos. No detectan las oportunidades de negocio que se esconden detrás de los retos sociales y ambientales que tiene la empresa enfrente.
Y eso, en el fondo, es lo más estimulante de este momento: esas oportunidades existen. Son reales. Y muchas pymes aún no las han visto.
Impacto positivo y negocio no son opuestos. Son aliados!
La innovación con impacto positivo no es filantropía con PowerPoint. Es la capacidad de identificar retos sociales, ambientales o de comunidad que son relevantes para la empresa, y convertirlos en palancas de crecimiento sostenible.
La investigación es clara en este punto. Un estudio de la UOC con más de 12.000 pymes europeas demuestra que cuando una empresa invierte en uno de los tres ámbitos de transformación —digital, ambiental o social— genera efectos positivos en los otros. No son esferas separadas. Son vasos comunicantes. La empresa que trabaja en serio su impacto social mejora su cohesión interna, su atractivo para el talento y su posición competitiva. Y la que avanza en innovación sostenible encuentra nuevas vías de negocio que antes no veía.
¿Qué tipo de oportunidades? Productos o servicios que resuelven necesidades reales del entorno. Modelos de gestión interna que convierten la diversidad o la conciliación en ventaja productiva. Procesos que reducen residuos y bajan costes al mismo tiempo. Colaboraciones con startups de impacto que aceleran proyectos que internamente tardarían años. La lista es larga, y depende de cada empresa, de su sector y de su territorio.
El activo más «infrautilizado»: las personas de la organización.
Hay algo que los planes de sostenibilidad suelen ignorar: las personas que trabajan en la empresa ya saben dónde están los problemas. Ya tienen ideas. Ya identifican ineficiencias, contradicciones entre los valores proclamados y la práctica diaria, oportunidades de mejora que nadie les ha preguntado.
Convertir a los equipos en agentes activos del cambio —no en receptores de una estrategia que baja de arriba— es uno de los cambios más potentes que puede hacer una organización. Y también uno de los más difíciles si se intenta sin metodología.
Según el Observatorio de los ODS de ESADE y la Fundación «la Caixa», el compromiso de los equipos directivos con la sostenibilidad es condición necesaria pero no suficiente. Sin una transferencia real de conocimiento, sin espacios de co-creación y sin herramientas para que las ideas escalen a proyectos, el compromiso se queda en declaración de intenciones. ¡Y eso, en plena “economía de la autenticidad”, es uno de los mayores riesgos reputacionales que tiene una empresa!
Del plan a la acción: cómo se cruza esa brecha.
Cruzar la brecha entre el plan y la acción real requiere tres cosas que pocas organizaciones tienen al mismo tiempo: metodología contrastada, conocimiento del territorio y capacidad de implementación.
La metodología sirve para estructurar el proceso de identificación de retos, para generar ideas con los equipos de forma ágil y co-creativa, y para priorizar las que tienen más potencial de impacto y viabilidad. Sin ella, los talleres de innovación se convierten en reuniones largas con muchos post-its y pocos proyectos.
El conocimiento del territorio permite conectar los retos de la empresa con el ecosistema real donde opera: otras organizaciones, administración, startups de impacto, colectivos vulnerables, oportunidades de financiación. Una idea aislada tiene pocas posibilidades. Una idea conectada al entorno tiene tracción.
Y la capacidad de implementación —la más escasa de las tres— es lo que garantiza que los proyectos no se queden en prototipo sino que lleguen a ser realidad con indicadores medibles.

Porque las pymes ya tienen suficientes buenas intenciones.
Lo que nos apasiona de trabajar con el tejido empresarial navarro es precisamente eso: la voluntad es real. El compromiso existe. Los valores están. Lo que falta no es inspiración. Es el paso concreto de después.
Desde COVAL, junto a Unlimited como aliado especializado, acompañamos a pymes en ese paso: identificar dónde están sus oportunidades de negocio con impacto positivo y convertir los planes —de sostenibilidad, de personas, de impacto— en proyectos concretos, medibles y reales: Innovación con impacto para PYMEs – UnLimited y Coval Consultores
Porque el plan ya lo tienes. Lo que necesitas ahora es que ocurra | Javier Aguirre Pascual — Socio fundador de COVAL Consultores







