Terminamos otro año más donde “la sostenibilidad” ha ocupado espacios en medios, ha sido el tema central de eventos, fuente de nuevos cursos y nuevas regulaciones que ya están aquí; pero, ¿guarda el concepto un buen nivel de “salud”?
Semrush presentó en octubre su habitual Índice Anual de Problemas Globales, donde identifica las principales preocupaciones sociales a nivel global basadas en las búsquedas online de más de 200 millones de personas de 35 países, y analizó entre otras cómo han evolucionado las preocupaciones de los internautas españoles (…) y sí, este 2024 desciende la preocupación de la población por la sostenibilidad.
“No es un dato determinante, pero sí que nos puede hacer pensar que hay cierto desgaste por exceso de uso como concepto que le puede hacer perder frescura”
El “hiper-uso” de un término, pensando en sus receptores, puede tener varias consecuencias negativas. Algunas de ellas podrías ser:
- Desgaste del significado: Cuando un término se utiliza en exceso, puede perder su significado original y volverse ambiguo o vacío de contenido. Esto dificulta la comunicación efectiva y puede llevar a malentendidos.
- Saturación y falta de atención: Si un término se repite constantemente, las personas pueden volverse insensibles a él y dejar de prestarle atención. Esto puede llevar a que se ignoren ideas importantes o se minimice la importancia de ciertos conceptos.
- Banalización: El hiper-uso de un término puede llevar a su banalización, es decir, a que se utilice de manera superficial o frívola. Esto puede restarle seriedad y relevancia a temas importantes.
- Cliché y falta de originalidad: Cuando un término se utiliza en exceso, puede convertirse en un cliché, perdiendo su impacto y originalidad. Esto puede afectar la creatividad y la capacidad de expresión.
- Fatiga del lenguaje: El uso excesivo de un término puede generar fatiga del lenguaje, es decir, cansancio o aburrimiento al escuchar o leer repetidamente la misma palabra. Esto puede afectar la calidad de la comunicación y la atención del receptor.
En este posible contexto, quizás sea el momento de dejar de hablar de sostenibilidad y hablar de “nuevas formas de hacer empresa”; una empresa que se gestiona considerando sus impactos financieros, pero además aquellos que se vinculan con sociedad y entorno. Una empresa que, además, pone el foco en las personas con las que trabaja y para las que desarrolla su actividad. Una empresa que destaca por su liderazgo humanista.
Parafraseando a Xavier Marcet «Yo también prefiero líderes con legado«. Es importante “construir” empresas que perduren en el tiempo y que dejen una huella positiva en la sociedad.” Y “Hay que crecer haciendo crecer a los ‘grupos de interés’ de la empresa: clientes, personas, accionistas, sociedad.» Poniendo de manifiesto que una empresa no puede crecer de forma aislada, sino que debe generar valor para todos los actores involucrados.
¿Qué cuestiones integran esta “estirpe” de empresas?
- La propiedad, y equipo directivo, creen en esta forma de hacer empresa.
- Lo integran en la toma de decisiones estratégicas y operativas; “predican con el ejemplo”
- Cuidan el diálogo y las condiciones de los trabajadores; quieren ser atractivos para las personas y el talento.
- Lo extienden y apuntalan creando una cultura de empresa responsable.
- Lideran acciones y proyectos que buscan dejar una huella positiva en el entorno; buscan impactos positivos que perduren.
- Trabajan buscando un “valor compartido” para proveedores, accionistas, trabajadores y sociedad.
- Son honestas comunicando lo que son; donde destacan, pero también donde tienen que mejorar.
Quizás el reto esté en simplificar – adecuar la forma de trabajo y los mensajes, desde la honestidad, usando el lenguaje más cotidiano, conectando con las emociones y aplicando mucho sentido común.
Una empresa no deja de ser un “instrumento” para un fin. Que es gestionada y operada por personas. Que ofrece productos y/o servicios destinados a personas. Y que desarrolla su actividad en un “mundo”, habitado por personas, que debemos cuidar si se quiere poder disfrutar. ¡Un “círculo” que puede ser virtuoso si se cuida y equilibra!
¡Dejemos de hablar de sostenibilidad y pasemos a “hacer empresa” de la de verdad, la del sentido común!







